¡Hola a todos y a todas! (Sí, me he informado y éste blog también lo leen chicos) Bien. Como podéis observar he realizado cambios en mi blog... ¡Espero que os guste porque no sabéis la que he liado!! Puesw ahí tenéis el cuarto capítulo... ¡Espero que os guste!!
CAPÍTULO 4
Casi no podía creerlo, pero la sensación de la mano de Nuria era tan real que no podía negarlo... No habían pasado ni dos semanas desde que llegué aquí y en ese momento me dirigía hacia un escuela repleta de humanos. ¡Increíble!!La primera impresión que tuve es que era un edificio inmenso... ¡Me iba a perder nada más entrar! Y todos los alumnos parecíantan decididos y seguros en su próximo movimiento... Algunos hablaban sobre la clase de Francés (uno de los idiomas que, según mi punto de vista, era de los que mejor hablaba).... ¡Oh! ¡Es cierto, no os lo he dicho!
Llevo tanto tiempo observando a los humanos y deseando encontrarme entre ellos que, sin demora alguna, he estudiado todos los idiomas que hasta el momento me he podido permitir...
- ¡Hasta ésta tarde! - me dijo Nuria, corriendo al sonar una repelente y estruendosa sirena.
- ¿Eh? Esto... Hasta luego... - dije yo.
Al parecer, África y yo nos encontrábamos en la misma clase, sin embargo, Nuria estaba en otro curso, o algo así... Y no la veríamos hasta que ella terminase la escuela, que era sobre las seis.
Me sentía la persona más insignificante del mundo... Todos aparentaban creerse las mejores personas del mundo, y yo... Un bicho raro del espacio.
Nuestra clase era 3ºB, una muy grande, si se me permite decirlo. Varias personas se acercaron a mí para presentarse y preguntarme cosas, pues África ya les había hablado de mí mientras sus padres arreglaban los papeles de mi adopción y de la escuela... ¡Ja! Si todos esos humanos pretendían que recordase todos esos nombres, sólo se me ocurrían dos posibilidades: la primera, sus neuronas se habían ido de vacaciones; o segunda, eran realmente tan estúpidos como se decía.
La clase fue agradable, pues yo ya había aprendido todas esas cosas mucho tiempo atrás. Pero algo me hacía sentirme incómoda... Un chico no dejaba de mirarme... El chico era, ciertamente, el humano más guapo que había visto en esas dos semanas. Era de piel morena, con el pelo oscurísimo, al igual que sus ojos, y tenía un semblante serio... Y, aunque yo lo mirase, él no apartaba la mirada... ¡Qué poca educación!
Terminó la clase, o al menos, eso creo, pues sonó una sirena tan molesta como la ue sonó por la mañana, y todos se levantaron y salieron corriendo como si sus vidas dependiesen de ello...
Pero sólo dos personas se quedaron en sus asientos esos últimos minutos... Yo, y el chico que hace estuvo mirándome todo el tiempo.
Decididó, se acercó a mí, y con una determinación y una mirada fulminante me dijo:
- Tú... Procedes del salón de las melodías perdidas.
FIN DEL CAPÍTULO 4
El viaje en coche no se hizo muy largo. El señor Gabriel me empezó a contar cosas sobre su familia. De ese modo descubrí muchas cosas, tales como queél era un importante empresario, poseedor de varias cadenas de televisión. También que su mujer, Clara, era ama de casa. Y, por último, que sus hijas eran las mejores estudiantes en sus respectivas clases y que llegarían muy lejos...
Nuria y África eran geniales, tal y como dijeron sus padres. Ambas me trataron muy bien. ¡Nuria era tan mona!!! No sabía que los humanos pequeños pudiesen hacer tales efectos en mí... Estuvo casi todo el tiempo hablando conmigo, mientras jugaba con una muñeca rubia.
Llegamos a la casa... ¡Y qué casa! Era enorme, o al menos, eso me pareció al verla desde el jardín. El jardín no era gran cosa, pero suficiente para mí. Tenía algunos columpios y una piscina (que yo, por supuesto, no utilizaría, pues no sé nadar).
Al abrirse la puerta, lo primero que pude ver unas altas escaleras que conducían al piso de arriba. También, tras una puerta de cristal, se encontraba el salón, repleto de marcos con fotos familiares. Justo junto a las escaleras había otra puerta con una cortina, ésta conducía a la cocina. Al ver toda esa comida algo sonó en mi interior... Y me asusté.
-¡Ja, ja, ja! -rieron todos- Lo sentimos Musa, deberíamos habete preguntado antes si tenías ganas de comer algo. ¿Qué te apetece?- dijo Clara.
No conocía mucho de la comida de los humanos. Ni de ninguna otra comida... En el salón de las melodías perdidas no nos alimentábamos más que de nubes... Y por lo que había visto, en ese mundo no estaban muy cerca... Pero, a pesar de conocer apenas la comida humana, había un alimento que realmente deseaba probar... Tras haber espiado a los humanos durante mucho tiempo, me di cuenta de que, en sus gustos, todos coincidían en algo, a todos les gustaba el ''chocolate''. ¿Sería realmente tan delicioso como se decía?
-Esto... Me apetece algo de chocolate. - dije, tímida.
-¡Claro! El chocolate es un gran alimento, sí señor. -dijo el señor Gabriel.
-¡Oh! ¡Papi! ¡Yo también quiero un poco, plis!!! - gemía Nuria.
-Nuria... -dijeron sus padres- Que nosotros sepamos a tí no te ha pasado nada como para necesitarlo. ¿O sí?
Y con solo una mirada, sus padres consiguieron tranquilizarla...
-¡Ah! Musa, luego tienes que venis a ver mi cuarto, ¿vale? - dijo de nuevo, entusiasmada.
Asentí, con una sonrisa. Mientras tanto, yo abría el envoltorio que cubría el chocolate que me habían dado mis nuevos padres... Realmente tenía buena pinta... Olía de maravilla... Y sabía... ¡Sabía a gloria! El chocolate no duró ni un minuto, me lo comí en tres bocados (tan descomunales que sorprendieron a toda la familia). Y con una gran bosa llena, dije: ''Me gufffta''
Todos rieron.
Me enseñaron la habitación de Nuria, el cuarto de baño, la habitación de África, en la que, por cierto, dormíría yo... ¡Qué experencia! ¡Viviría junto a una humana!
- ¡Ah! ¡Musa! Casi se me olvida... Mañana te inscribiremos en el mismo colegio que África, ¿de acuerdo?
¡Qué nerviosa estaba!! De repente, mi vida había cambiado por completo, dando un giro de 180 grados. Haciéndome vivir en un mundo totalmente nuevo... En la Tierra.
¡Hey, hola! Siento no poder haber escrito más, pero estoy algo ocupada. ¡Pero pronto volveré con más!! ¡Hasta la vista!!
CAPÍTULO 2
Ese doctor fue breve. Me preguntó cosas triviales, cómo si sabía lo que me había ocurrido y cosas así... Pero las cosas se me complicaron un poco...
- ¿Dónde están tus padres? - preguntó.
Genial... (Léase con ironía) Me tenía que preguntar precisamente eso...
Me puse algo nerviosa... ¡No podía decirle realmente el lugar desde el que llegué!
-Esto... Lo siento, no lo recuerdo. -contesté. Bien, eso no se lo creería NADIE... Pero fue lo primero que se me ocurrió, y... ¿funcionó??
De repente, muy alarmado, el doctor se fue. Yo me acerqué a la puerta, por si podía oir algo. Se oía la respiración de mucha gente, pero sobre todo oí las voces de los doctores:
- Sí... No puede recordar nada... No.... Posiblemente....
- Bla, bla, bla... Amnesia...
No entendí casi nada de lo que dijeron, pero estaba segura de que habían creído de veras que había perdido la memoria...
Se oyó otra voz... Ésta vez era una voz muy fuerte, que pude oir con mucha claridad.
- Si la muchacha ha sufrido algo grave, mi familia y yo nos ocuparemos de ella a partir de ahora. Es mi responsabilidad, pues fui yo quien provocó su pérdida de memoria. Cuidaremos de ella hasta que encontremos a sus padres.
Cuando aquel hombre dejó de hablar, no sabía como sentirme... ¿Desdichada? ¿Felíz? ¿Asustada? ¿Nerviosa? ¡La verdad es que estaba sintiendo todo eso al mismo tiempo!
Entonces, se abrió la puerta. Y yo caí tras ella.
- Al parecer no hará falta darle la noticia a ésta señorita... - Dijo el doctor, sonriendo. - Musa, te presento a tu nueva familia.
Me levanté, y los miré... El hombre que había hablado era alto, moreno, y lucía una oscura perilla que hacía su rostro amable. A su lado, se encontraba la qué suponí que era su mujer. Era una mujer con una larga cabellera rubia, tenía los ojos azules, y expresión preocupada.
Tras ellos, sentadas había dos niñas... ¡Completamente iguales! La única diferencia entre ellas era la estatura... Por lo que deduje que una sería más pequeña que la otra. La mayor tenía el pelo corto, y los ojos azules, como su madre. Y la más pequeña llevaba el pelorecogidos en dos graciosas trenzas, que le daban un efecto aún más infantil.
- Hola - dijo el hombre alto- Mi nombre es Gabriel. Ésta es mi esposa, Clara. Y éstas son mis hijas: África y Nuria. Estamos encantados de conocerte, Musa.
- H-hola - contesté.
Un tiempo después de que arreglasen mucho papeleo, me llevaron a mi casa... O, mejor dicho, a mi nueva casa... Aquella que no cambiaría por nada del mundo...
Jamás volveré al salón de las melodías perdidas.
FIN CAPÍTULO 2
¡Hola! Soy yo de nuevo... Tranquilizáos... La historia todavía no ha acabado... Ya volveré con más!! Au revoir!!!!









