El viaje en coche no se hizo muy largo. El señor Gabriel me empezó a contar cosas sobre su familia. De ese modo descubrí muchas cosas, tales como queél era un importante empresario, poseedor de varias cadenas de televisión. También que su mujer, Clara, era ama de casa. Y, por último, que sus hijas eran las mejores estudiantes en sus respectivas clases y que llegarían muy lejos...
Nuria y África eran geniales, tal y como dijeron sus padres. Ambas me trataron muy bien. ¡Nuria era tan mona!!! No sabía que los humanos pequeños pudiesen hacer tales efectos en mí... Estuvo casi todo el tiempo hablando conmigo, mientras jugaba con una muñeca rubia.
Llegamos a la casa... ¡Y qué casa! Era enorme, o al menos, eso me pareció al verla desde el jardín. El jardín no era gran cosa, pero suficiente para mí. Tenía algunos columpios y una piscina (que yo, por supuesto, no utilizaría, pues no sé nadar).
Al abrirse la puerta, lo primero que pude ver unas altas escaleras que conducían al piso de arriba. También, tras una puerta de cristal, se encontraba el salón, repleto de marcos con fotos familiares. Justo junto a las escaleras había otra puerta con una cortina, ésta conducía a la cocina. Al ver toda esa comida algo sonó en mi interior... Y me asusté.
-¡Ja, ja, ja! -rieron todos- Lo sentimos Musa, deberíamos habete preguntado antes si tenías ganas de comer algo. ¿Qué te apetece?- dijo Clara.
No conocía mucho de la comida de los humanos. Ni de ninguna otra comida... En el salón de las melodías perdidas no nos alimentábamos más que de nubes... Y por lo que había visto, en ese mundo no estaban muy cerca... Pero, a pesar de conocer apenas la comida humana, había un alimento que realmente deseaba probar... Tras haber espiado a los humanos durante mucho tiempo, me di cuenta de que, en sus gustos, todos coincidían en algo, a todos les gustaba el ''chocolate''. ¿Sería realmente tan delicioso como se decía?
-Esto... Me apetece algo de chocolate. - dije, tímida.
-¡Claro! El chocolate es un gran alimento, sí señor. -dijo el señor Gabriel.
-¡Oh! ¡Papi! ¡Yo también quiero un poco, plis!!! - gemía Nuria.
-Nuria... -dijeron sus padres- Que nosotros sepamos a tí no te ha pasado nada como para necesitarlo. ¿O sí?
Y con solo una mirada, sus padres consiguieron tranquilizarla...
-¡Ah! Musa, luego tienes que venis a ver mi cuarto, ¿vale? - dijo de nuevo, entusiasmada.
Asentí, con una sonrisa. Mientras tanto, yo abría el envoltorio que cubría el chocolate que me habían dado mis nuevos padres... Realmente tenía buena pinta... Olía de maravilla... Y sabía... ¡Sabía a gloria! El chocolate no duró ni un minuto, me lo comí en tres bocados (tan descomunales que sorprendieron a toda la familia). Y con una gran bosa llena, dije: ''Me gufffta''
Todos rieron.
Me enseñaron la habitación de Nuria, el cuarto de baño, la habitación de África, en la que, por cierto, dormíría yo... ¡Qué experencia! ¡Viviría junto a una humana!
- ¡Ah! ¡Musa! Casi se me olvida... Mañana te inscribiremos en el mismo colegio que África, ¿de acuerdo?
¡Qué nerviosa estaba!! De repente, mi vida había cambiado por completo, dando un giro de 180 grados. Haciéndome vivir en un mundo totalmente nuevo... En la Tierra.
¡Hey, hola! Siento no poder haber escrito más, pero estoy algo ocupada. ¡Pero pronto volveré con más!! ¡Hasta la vista!!







