¡Hola!
Siento mucho haberos dejado tanto tiempo con la intriga, pero es que he pensado que quizás esté siendo demasiado rápida al escribir cada uno de los capítulos... Pero me gustaría saber vuestra opinión.
Bien, al final de éste capítulo hay una ''sorpresita especial''.
He colgado los bocetos que hice para crear a los personajes de las historia al final de éste capítulo, pero...
¡No los veáis hasta que no terminéis de leer! ¡Hasta luego!
CAPÍTULO 6
Era muy tarde. Todos dormían... O al menos, eso intenté yo.
No podía dormir. Todavía rondaba por mi cabeza el miedo que sentí cuando él me dijo ésas palabras... La impotencia que sentí cuando me gritó de esa forma... El... placer, cuando se puso a mí lado... Tan cerca de mí...
Ya estaba amaneciendo, y yo no había dormido aún. Pero eso no me importó. ¡Llevaba décadas sin dormir! ¿Me iba a preocupar ahora por eso?
Hicimos lo mismo que hacíamos todas las mañanas, desayunar, hablar un poco, arreglar la casa...
¡Qué triste me sentía ese fin de semana! No vería a Diego hasta dentro de dos días... Y, no sé la razón, pero necesitaba hablar con él.
- ¡Mamá! - comenzó a decir Nuria, mientras desayunábamos - ¿Por qué no vamos al parque del centro de la ciudad, a hacer un picnic? ¡Porfiii! ¡Todas mis amigas van a hacer uno!
Discutieron un poco, diciendo algo sobre tirarse desde un puente con las amigas de Nuria, o algo así.... Pero yo no les prestaba atención. Sólo tenía ojos y oídos para los recuerdos del día anterior.
- ¿Qué te pasa, Musa? Te vemos muy seria hoy... - me preguntó África
- Mmm... ¡Oh! No me pasa nada. Siento estar tan seria... - mentí.
- ¿Sabes? Vamos a hacer un picnic hoy. ¿Te apetece?
- Claro.- Volví a mentir
La verdad es que me animó mucho el llegar al parque del que Nuria había hablado. Era precioso.
Había muchos, muchísimos árboles, y un lago de agua cristalina en el cual se encontraban algunas pequeñas barcas surcando las aguas.
Colocamos una especie de mantel de cuadros en el céped, bajo un árbol y fuimos colocando la comida sobre éste... Hasta que...
- ¡Hola! - gritó una voz chillona, que no conocía.
- ¡Hey! ¡Alicia! ¡Yo también he convencido a mis padres para que vinieran! -respondió Nuria
Entonces, la ví. Desde detrás de unos árboles a una chica de la misma edad de Nuria. Era morena, con los ojos verdes. Y llevaba un vestido blanco (algo inapropiado para una niña pequeña para usar en un parque).
- ¡Oh! Musa, ésa es Alicia. Es una chica de la clase de mi hermana. Y sus padres son muy amigos de los míos. Pero, lo mejor está por llegar, ¡porque su hermano es...! - no acabó la frase.
- ¡Alicia! ¿Dónde te ha metido? - otra voz, ésta vez masculina, llamaba a la chica que acababa de acercarse a su hermano.
No me gustó nada la cara de malicia que África portaba. Y tampoco me gustaba nada el hecho de que reconocía perfectamente esa voz, porque...
- ¿¡Di-diego!?
Efectivamente. Apareció ante mis ojos con una camisa blanca y unos pantalones vaqueros de lo más normales. ¡Dios mío!
- ¿Musa? - él también parecía extrañado, pero no tanto como yo. Admiraba su capacidad para ocultar sus emociones...
- ¡Oh, sí! - oí murmurar a África.
Pasó un buen rato. Los ''padres'' de Alicia y Diego llegaron tras ellos y se sentaron a comer con nosotros. Nuria y su amiga se fueron a correr por la orilla del lago, y...
- Chicas... - comenzó a decir Diego, refiriéndose a África y a mí - ¿Os gustaría dar un paseo en barca?
Yo me quedé boquiabierta... ¡Qué vergüenza tan grande ante sus padres y los míos! Pero... ¡me gustaba!
- Esto... No, grcias. - dijo África - He comido mucho hoy, y me encuentro algo mal. Pero, ¿por qué no le llevas a Musa? Ella no lo ha hecho nunca.- A ésto le añadió otra de sus sonrisas que tan poco me gustaban... Como la del payaso que salía en la tele.
- ¿En serio?- me preguntó - De acuerdo. ¿Podría dar una vuelta a Musa en barco, por favor? -dijo refiriéndose a mis ''padres''.
- S-sí, claro. Siempre que a Musa le apetezca... - ¡no podía decir que no ante la educación de ese chico!
- Pues vamos, Musa. - me cogió de la mano, y nos marchamos hacia una caseta al lado de la orilla. Allí, él se encargó de alquilar una pequeña barca.
Nos subimos, y él fue remando con maestría. Yo no dije nada, pues no me salían las palabras. Pero no hizo falta, pues él, como siempre, tomó la iniciativa.
- No sabía que formases parte de la familia de África. Sabía que casi todo el tiempo estabas con ella pero no supuse ésto. Eso cambia mucho las cosas...
Por fin, algunas palabras consiguieron brotar de mis labios.
- ¿A qué te refieres con eso?
- Me refiero a que...
Hizo una dramática pausa. Y sonrió de una manera que no me gustó en absoluto.
- ... ahora, puedo tenerte vigilada.
FIN CAPÍTULO 6








