CAPÍTULO 2

Ese doctor fue breve. Me preguntó cosas triviales, cómo si sabía lo que me había ocurrido y cosas así... Pero las cosas se me complicaron un poco...
- ¿Dónde están tus padres? - preguntó.
Genial... (Léase con ironía) Me tenía que preguntar precisamente eso...
Me puse algo nerviosa... ¡No podía decirle realmente el lugar desde el que llegué!
-Esto... Lo siento, no lo recuerdo. -contesté. Bien, eso no se lo creería NADIE... Pero fue lo primero que se me ocurrió, y... ¿funcionó??
De repente, muy alarmado, el doctor se fue. Yo me acerqué a la puerta, por si podía oir algo. Se oía la respiración de mucha gente, pero sobre todo oí las voces de los doctores:
- Sí... No puede recordar nada... No.... Posiblemente....
- Bla, bla, bla... Amnesia...
No entendí casi nada de lo que dijeron, pero estaba segura de que habían creído de veras que había perdido la memoria...
Se oyó otra voz... Ésta vez era una voz muy fuerte, que pude oir con mucha claridad.
- Si la muchacha ha sufrido algo grave, mi familia y yo nos ocuparemos de ella a partir de ahora. Es mi responsabilidad, pues fui yo quien provocó su pérdida de memoria. Cuidaremos de ella hasta que encontremos a sus padres.
Cuando aquel hombre dejó de hablar, no sabía como sentirme... ¿Desdichada? ¿Felíz? ¿Asustada? ¿Nerviosa? ¡La verdad es que estaba sintiendo todo eso al mismo tiempo!
Entonces, se abrió la puerta. Y yo caí tras ella.
- Al parecer no hará falta darle la noticia a ésta señorita... - Dijo el doctor, sonriendo. - Musa, te presento a tu nueva familia.
Me levanté, y los miré... El hombre que había hablado era alto, moreno, y lucía una oscura perilla que hacía su rostro amable. A su lado, se encontraba la qué suponí que era su mujer. Era una mujer con una larga cabellera rubia, tenía los ojos azules, y expresión preocupada.
Tras ellos, sentadas había dos niñas... ¡Completamente iguales! La única diferencia entre ellas era la estatura... Por lo que deduje que una sería más pequeña que la otra. La mayor tenía el pelo corto, y los ojos azules, como su madre. Y la más pequeña llevaba el pelorecogidos en dos graciosas trenzas, que le daban un efecto aún más infantil.
- Hola - dijo el hombre alto- Mi nombre es Gabriel. Ésta es mi esposa, Clara. Y éstas son mis hijas: África y Nuria. Estamos encantados de conocerte, Musa.
- H-hola - contesté.

Un tiempo después de que arreglasen mucho papeleo, me llevaron a mi casa... O, mejor dicho, a mi nueva casa... Aquella que no cambiaría por nada del mundo...
Jamás volveré al salón de las melodías perdidas.

FIN CAPÍTULO 2

¡Hola! Soy yo de nuevo... Tranquilizáos... La historia todavía no ha acabado... Ya volveré con más!! Au revoir!!!!

1 Comment:

  1. Jade said...
    ¡Aah!!! ¡Qúé guay!! Me encanta!!!

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