¡Hey! ¿Qué tal?
Siento haberos dejado sin dar señales de vida (ni de muerte, ¡ja, ja!) durante éstos días... Pero es que he decidido dejar un mayor lapsus de tiempo entre cada capítulo, para que sea más fácil de leer y de seguir para los nuevos seguidores de mi blog (quienes, por cierto, están aumentando considerablemente).
Como podréis comprobar, he borrado mi otro blog, pues éste no me acababa de convencer. ¡Lo siento!
Bien, aquí tenéis el capítulo 7. ¡Que lo disfrutéis!
CAPÍTULO 7
Al principio, no comprendí qué quiso decir Diego con eso de ''Quiero tenerte vigilada''. Quise preguntarle, pero justo en ese momento...
- Hey, Musa, Diego... ¡Siento interrumpiros, pero tenemos que irnos ya! - gritó África, desde la orilla.
No dije nada. Ni siquiera me despedí de él.
- ¡Venga, cuenta! ¿Qué es lo que ha pasado? ¡No me digas que no ha ocurrido nada, porque lo sabré! - me preguntó África, ya en su casa.- No ha pasado nada... - le dije, sin prestarle demasiada atención.
No sé muy bien por qué... Quizás me vio muy triste y pensativa... O quizás, simplemente, desistió en preguntarme nada más... El caso es que me dejo sola, tras darme un abrazo.
Así, me quede un rato pensando...
¿¡Por qué querría Diego tenerme vigilada!?
Ya le juré y le perjuré que no iba a delatarnos... ¡A ninguno de los dos!
Me sentía tan... triste.
Simplemente, me fui a dormir.
Ya no tenía más ganas de pensar.
Ya no me apetecía en absoluto ver a Diego en el instituto al día siguiente.
No tenía ganas de hacer nada...
No sé cual fue la razón... Pero el simple hecho de que me aceptase y nombrase como ''hermana'' suya me animó bastante.
¡Yo sólo necesitaba eso! ¡Necesitaba que me aceptasen!
Nunca fui aceptada por los de mi especie en aquel lugar al que yo llamaba ''hogar''... Siempre me despreciaron, a mí, y a mis deseos de viajar y conocer el mundo de los humanos.
Cuando quise darme cuenta de dónde estaba, me fijé en que ya me encontraba en el pupitre de la clase. Y allí, a mi lado, se encontraba él...
¡Oh! ¿Porqué no podía dejar abandonados esos horribles pensamientos que tanto me molestaban?
Tenía muchas ganas de irme. Así que eso hice, al final de las clases. Bueno... Cuando yo creí que las clases habían terminado, por supuesto.
- ¡Perdone, señorita! - dijo una voz detrás mía.
- ¿Sí?- pregunté
Era una señora de unos treinta o cuarenta años humanos. Era delgada, tenía los ojos azules que pude ver a través de sus gafas, y el pelo castaño y muy liso, recogido en una cola alta.
- Mmm... Si no me equivoco, eres nueva, ¿verdad? Encantada de conocerte, mi nombre es Lucrecia. Soy la profesora de informática.
La saludé, tímida.
-No puedes irte aún. Estamos en temporada de actividades extraescolares, así que deberás elegir una de ése tablón de anuncios.
Habían muichísimas propuestas... Arte, deporte, música... No sabía qué elegir... Ni puse demasiado empeño en ello.
- ¿Usted cuál me recomienda?- pregunté.
- ¿Yo? ¡Pues informática, por supuesto! ¡Ja, ja! La clase la doy yo, si quieres puedo enseñarte algunas cosas que te serán de utilidad. ¿Te apetece?
Yo, que no tenía ni idea de qué demonios era la informática, la sequí hasta su clase, donde pude ver a algunos de los compañeros de mi clase, entre los cuales no se encontraba África.
Me senté en un pupitre algo apartado del de los demáS, justo delante de una máquina que ya había visto antes usa a África en su casa. ¡Claro! ¡Un ordenador!
Pero, lo que más me llamó la atención fue lo que dijo Lucrecia, sobre ellos....
''Si os esmeráis mucho, podéis sacar información de cualquier lugar y persona...''
Con que... ¿cualquier persona?
Sonreí.
FIN CAPÍTULO 7
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Sigue!
Besos
Val*